Y ante todo esto, ¿qué hacer?

img_3168En ocasiones determinadas situaciones superan la capacidad de cómo actuar ante ellas. Lejos de movernos y buscar soluciones, optamos sin querer por la inacción del pensar tratando de indagar en todos los rincones de nuestra mente posibles respuestas a aquello que nos pasa. Sin darnos cuenta nos dejamos  envolver por este cúmulo de pensamientos hasta el punto que sin querer terminamos envueltos por ellos, constituyendo sin querer una segunda piel.

El ser objeto de una agresión, sea del tipo que sea es algo que reta toda posibilidad de respuesta. Si ante ella somos incapaces por nuestras propias circunstancias de responder abiertamente o de poder plantarnos adecuadamente frente ante la situación, no significa que sea responsabilidad nuestra. Simplemente, significa que es quizá un área a trabajar, pero el que no sepamos hacerlo ni hace que seamos tontos ni mucho menos débiles, simplemente nos sitúa ante una situación que supera nuestra capacidad de saber responder a estas circunstancias.

El maltrato, la prepotencia, el hacer el vacío, los rumores, las tácticas sucias para sacar a alguien del camino. O los grupos “mesiánicos” que tratan sutilmente o por la fuerza que te adhieras a sus ideas, nos guste más o nos guste menos reconocerlo han existido siempre. A muchos les gustará tenerlos muy lejos, otros tendrán la capacidad para saberlos identificar con rapidez sabiendo como lidiar con ellos, otros en cambio se doblegarán normalizando la situación, otros querrán salir no sabiendo el como.

Los hechos existen, la realidad no es como la pintan, ni el mundo que muestran es el único. Lo cierto es que existen diferentes mundos como distintas formas de pensar y actuar en el mundo. El negar los hechos o relativizar no ayuda. Tampoco el decirle a alguien que eso le ocurre por ser débil, y que en este mundo solo se sale adelante empleando estas tácticas. Lo cierto es que existe un límite que lo constituye el lugar donde acaban sus derechos es donde empiezan los tuyos.

Ante todo esto la inacción no es algo que procure un cambio, ni el callar lo que sucede. Reconocer la primera agresión para algunos puede costar sin embargo, lejos de asumirla como algo normal o callar, es mejor verla como una señal de alerta de que algo sucede y es algo que implica qué tenemos que actuar de algún modo.

Posiblemente de forma natural nos venga el pensar el porque a mí, ante eso hay dos opciones reflexionar sobre ello continuamente, y explorar las posibles respuestas. El priorizar en nuestros pensamientos resulta estratégico y vital en estas circunstancias. No eres el único a quien le ha pasado esto lamentablemente, ni tampoco esto ocurre porque seas tú, podría haber pasado a otra persona.

Es posible que termines el día extenuado por esa incesante cantidad de malos modos y mal trato, y que lo único que quieras hacer es llegar a casa y descansar. Un poco de descanso y distraer la mente, cargarte con cosas que te den alegría, viene bien, porque ayudará a relajar tu mente. El buscar estrategias que te permitan ver en distancia todo lo que ocurre ayudará en tu búsqueda de soluciones.

El callar y pensar que pasará, implica en cierto modo ocultar una situación que puede conllevar que a futuro otra persona pueda vivir esta misma situación. El pedir ayuda resulta fundamental, en ese sentido es importante saber identificar en quienes confiar. Una buena opción son los amigos incondicionales, esos que comparten tanto alegrías y tristezas, nos saben escuchar con el corazón, no juzgan y saben hablar claro cuando es necesario, como valorar y celebrar nuestros logros.

A nivel organización es importante a su vez identificar cuál es el procedimiento a seguir en este caso. Y si bien el miedo alerta y en ocasiones entumece, conviene dar espacio a lo que nos dice, y preguntarnos cuanto de real hay en ello.

Si las fuerzas son pocas, pedir ayuda especializada viene bien. Un psicólogo resulta importante ya que implica velar por nuestro bienestar. El poder contar con la asistencia de asociaciones de afectados nos procurará el sentir comprensión con lo que nos pasa y saber qué hacer. El asesoramiento legal conocer nuestras opciones si el proceso de acoso está avanzado, así como los pasos a seguir. Una vez que todo acabe, un coach podrá acompañarnos facilitando nuestro empoderamiento como el objetivo que nos guíe de aquí hacia adelante. En suma, a pesar que el cuerpo pida en ocasiones apartarse, lo mejor es ir y buscar ayuda.

Resulta fácil decir son cosas que pasan, ciertamente es así. Del mismo modo que toma tiempo el aprender a vivir en calma a pesar de las tormentas externas, el coger distancias de situaciones que por su frecuencia, duración y carga nos terminan superando. Vivir con alegría a pesar de todo. Parece difícil pero no imposible, pero se puede conseguir.

No es una cuestión de suerte sino situaciones que permiten a su manera un crecimiento. En las que actuar focalizandonos en soluciones que nos permitan abordar con eficacia lo que vivimos resulta por sobre todo la mejor solución.

 

Laura Quiun

Coach ejecutiva

Fluyendo desde el valor

info@fluyendo-desde-el-valor.com

La suma de las partes orientadas a la consecución de un objetivo mayor: el bienestar humano, puede ser más eficaz que el trabajo por separado.

 

 

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